Con la transformación digital el mercado se ha acostumbrado a que los cambios se sucedan de una manera vertiginosa en las organizaciones, pero no siempre fue así. Ni todos los activos empresariales fueron considerados como tales hasta no hace mucho tiempo. El dato es un buen ejemplo.
Guardado en archivos físicos y con un análisis limitado, los primeros almacenes de datos y la aparición de herramientas de extracción y herramientas, que permitían extraer reportes y cuadros de mandos, dieron paso a un periodo en el que el big data y la nube trajeron consigo la explosión de los mismos, el almacenamiento en el cloud y la analítica avanzada, convirtiéndole en el activo más importante de cualquier compañía y en el centro de la toma de decisiones. Reinado reforzado con una inteligencia artificial que lo ha convertido en una prioridad estratégica.
Una unión irremediable
Unidos irremediablemente, el verdadero poder de transformación de la IA reside en los datos y en su explotación efectiva en un momento en el que, a pesar de que un 88 % de las empresas usa alguna función de la IA, sólo una minoría ha conseguido generar un impacto real en el negocio.
La inteligencia artificial ha convertido al dato en una prioridad estratégica
Para que un proyecto de IA tenga éxito, la calidad del dato es esencial. Tiene que ser fiable, estructurado, accesible… su gobernanza se erige como pilar fundamental, gestionando la información, estableciendo políticas, responsabilidades y procesos que garanticen su calidad, seguridad y uso adecuado. Gobernanza de datos que debe estar alineada con los objetivos del negocio.
Ventajas competitivas
En este nuevo mundo regido por la IA, el dato redefine la toma de decisiones, ayuda a las compañías a anticiparse a la demanda, a la optimización de procesos y a reducir la incertidumbre y los errores humanos, recomendando acciones a llevar a cabo. ¿El resultado? Un menor coste operativo, una mayor productividad y una mayor eficiencia organizativa.
El poder del dato (del buen dato) también conlleva la optimización de la experiencia del cliente al ayudarnos a entender su comportamiento, necesidades y preferencias… ofreciendo una mayor personalización y mejora del servicio en tiempo real, anticipándonos a las necesidades y redundando en el beneficio de cualquier organización.
En el ámbito de la seguridad y el compliance su papel es, si cabe, más importante, tanto en la detección del fraude como en la gestión de riesgos o el cumplimiento regulatorio.
El dato ayuda a detectar nuevas tendencias, a conseguir una mayor capacidad de reacción, reducir la incertidumbre, crear nuevos productos o abrir nuevas líneas de negocio.
Datos de comportamiento humano, conversacionales, empresariales, biométricos, de salud, financieros, geoespaciales, científicos, legales y regulatorios o emocionales que ayudan a predecir las decisiones humanas, automatizar procesos, entender contextos, ganar en eficiencia o entrenar nuevos modelos de IA. En definitiva, entender el nuevo mundo y extraer mayor rendimiento del mismo.
Recomendaciones
Para aprovechar este valor los responsables del dato deben tratarlo como un activo estratégico, invertir en su calidad, integrarlo en la toma de decisiones para que impacte en el negocio y establecer su adecuada gobernanza, teniendo claro quién lo gestiona, quién accede al mismo y cómo lo usa.







