V-Valley ha cerrado un primer semestre especialmente positivo en su división de ciberseguridad, prolongando la buena dinámica con la que terminó 2025. Tras un segundo trimestre incluso mejor que el primero, el mayorista afronta la segunda mitad del año con optimismo, apoyado en grandes proyectos que empiezan a materializarse, el crecimiento sostenido del negocio de la pyme y una posición consolidada junto a algunos de sus principales fabricantes. “Estamos muy establecidos y contamos con una gran base de clientes”, analiza Alberto López, consejero delegado de V-Valley.
Áreas de crecimiento
La ciberseguridad mantiene los mismos motores del año pasado con la identidad digital, la protección del dato y las soluciones cloud liderando la demanda, aunque este año emerge con fuerza un nuevo foco: la protección de la inteligencia artificial y de la información que circula hacia estos entornos. “Todos los fabricantes están trabajando en ese terreno”, explica Alberto López, que apela a la concienciación del usuario como elemento fundamental. El auge de los asistentes inteligentes y de los agentes autónomos está obligando a las empresas a replantearse la protección de sus datos y el comportamiento de sus usuarios. El reto ya no pasa únicamente por desplegar tecnología, sino por cambiar hábitos. “Muchos usuarios utilizan la IA con datos críticos sin ser conscientes del riesgo”, advierte.
Una tecnología que también está modificando la propia naturaleza de los ataques. Si durante años el usuario fue considerado el eslabón más débil de la cadena, “ahora ese papel corresponde a la IA”, señala David Gasca, director de marketing y de operaciones del área de ciberseguridad del mayorista. “La IA trabaja 24 horas al día, tiene mucha más capacidad y, bien utilizada desde un punto de vista malicioso, puede ser más peligrosa que un usuario con permisos elevados”, resume. El problema, añade, es que muchas organizaciones todavía conceden a estos asistentes permisos excesivos y carecen de mecanismos para controlar cómo utilizan la información.
“Otras” áreas de oportunidad
Ese cambio explica también el renovado interés por tecnologías que hasta hace poco permanecían en un segundo plano. Entre ellas, las soluciones de prevención de fuga de datos (DLP), impulsadas ahora por la necesidad de controlar qué información “abandona” la organización. “Ya no consiste únicamente en proteger las aplicaciones cloud, se trata de proteger los datos que salen hacia la IA. Una vez que una contraseña, un Excel de clientes o cualquier dato sensible sale hacia una IA pública, ya no hay vuelta atrás”, advierte David Gasca.
“Ya no consiste únicamente en proteger las aplicaciones cloud, se trata de proteger los datos que salen hacia la IA”
Junto al DLP, otra de las tecnologías que empieza a ganar peso es la observabilidad: una vez que las empresas tienen cubierta la seguridad “básica” en torno al endpoint, los accesos y la identidad; el paso siguiente es “observar lo que ocurre en la red, analizar qué está ocurriendo con los datos, los ataques que se están produciendo fuera y qué pasa en otras redes similares”, relata Gasca.
Esta necesidad de disponer de una visión continua de lo que ocurre dentro de la infraestructura, correlacionar eventos y detectar comportamientos anómalos responde a un mercado cada vez más maduro, donde las organizaciones demandan capacidades de análisis más avanzadas. Gasca considera que estas tecnologías todavía están reservadas para partners especializados, con una mayor madurez en el mercado.
De coste a inversión estratégica
Más allá de la evolución tecnológica, ambos directivos coinciden en destacar un cambio de mentalidad entre las empresas. La ciberseguridad ha dejado de contemplarse como un coste inevitable para convertirse en una inversión ligada directamente a la continuidad del negocio. “Antes se veía como un gasto; ahora es una inversión necesaria para proteger el negocio y la reputación”, afirma López.
Más de 500 partners trabajan con servicios de seguridad apoyados en la estructura de V-Valley
Ese cambio de percepción también está impulsando el crecimiento de los servicios gestionados, una estrategia que V-Valley lleva años defendiendo y que ha reforzado recientemente con la creación de Innovexya. Tras la integración de Lidera, el mayorista ha consolidado una estructura orientada a ofrecer capacidades de preventa, postventa y soporte especializado siempre a través del canal. Actualmente más de 500 partners trabajan con servicios de seguridad apoyados en la estructura del mayorista. “El servicio es área estratégica”, insiste el consejero delegado.
Incorporar fabricantes con criterio
El fortalecimiento de la oferta es uno de los ejes de crecimiento. Incorporaciones recientes como Ironchip, Forescout o Qualys responden a una política muy selectiva que es el factor que determina la selección.
Alberto López desvela que hay fabricantes que llaman a la puerta del mayorista, pero insiste en que el criterio sigue siendo el mismo: incorporar únicamente aquellas tecnologías que complementen de forma coherente la oferta existente y aporten valor al canal.
En esa evolución del catálogo, el cliente final empieza a desempeñar un papel cada vez más relevante. Según explica David Gasca, algunas de las últimas incorporaciones han surgido precisamente a partir de recomendaciones de grandes organizaciones que identifican nuevas soluciones capaces de resolver problemas muy concretos y solicitan que sea el canal quien las despliegue.
El valor de la especialización
Pese al crecimiento constante del número de fabricantes especializados, V-Valley no percibe una saturación entre sus partners. La clave, explica Gasca, reside en la especialización comercial de la que dispone V-Valley en el área de la ciberseguridad. Cada partner dispone de un interlocutor especializado en este mercado capaz de interpretar las necesidades del cliente antes de proponer una tecnología concreta. “Primero entendemos el problema; después buscamos la solución y, finalmente, hablamos del fabricante”.






