La eficiencia energética ha dejado de ser un elemento secundario dentro de la infraestructura de los centros de datos para convertirse en una pieza estratégica. La irrupción de la inteligencia artificial, con sus enormes exigencias de procesamiento y consumo energético, ha acelerado una transformación que afecta a todo el ecosistema tecnológico. Una evolución, impulsada por la demanda del mercado, que se ha convertido en un motor de negocio en V-Valley, sustentado por fabricantes de referencia como Eaton, Panduit, Salicru, Schneider Electric, Vertiv o Zgr.
Alberto Pastor, business developer datacenter & eficiencia energética en V-Valley, asegura que la eficiencia se ha convertido en foco prioritario en el desarrollo del centro de datos, lo que ha obligado a los proveedores de infraestructura a evolucionar a gran velocidad. «La inteligencia artificial requiere unos requisitos de gestión de la infraestructura muy específicos. Los fabricantes que se adelantaron y adaptaron sus soluciones para estos entornos hoy cuentan con una ventaja competitiva clara frente a quienes se han quedado atrás», señala.
Según Pastor, algunos fabricantes especializados en infraestructura crítica y gestión energética han trabajado estrechamente con los proveedores de tecnologías vinculadas a la IA para adaptar sus soluciones a las nuevas necesidades de cómputo. El objetivo es garantizar que la energía necesaria llegue de forma eficiente, asegurando la continuidad operativa sin que el usuario perciba interrupciones o incidencias.
El gran reto: más potencia y más eficiencia
La expansión de la inteligencia artificial está generando una paradoja para las organizaciones. Por un lado, necesitan multiplicar su capacidad de procesamiento; por otro, deben ser capaces de gestionar el enorme incremento del consumo energético asociado.
«Cuando hablamos con un partner, una de las primeras preguntas que planteamos es si sería capaz de gestionar de forma eficiente el doble de capacidad de cómputo», explica Pastor. Una cuestión que, en muchas ocasiones, los clientes finales todavía no se plantean.
El problema no se limita a contratar más potencia eléctrica. También es necesario disipar el calor generado por esa energía adicional, lo que supone un coste añadido. Por ello, la industria está centrando sus esfuerzos en desarrollar sistemas capaces de monitorizar el consumo, optimizar la distribución energética y reutilizar parte de la energía generada para minimizar pérdidas.
De producto complementario a motor de negocio
La evolución del mercado ha transformado por completo el papel de la eficiencia energética dentro de los proyectos de infraestructura. «Hace unos años era un elemento más dentro de la infraestructura física. No era foco prioritario y las decisiones relacionadas con la gestión energética solían llegar cuando la empresa crecía y aparecían nuevas necesidades de espacio o de monitorización», recuerda Pastor.
«Los partners pueden ofrecer soluciones que permitan que la infraestructura de sus clientes funcione de forma eficiente y sostenible»
Hoy la situación es muy diferente. «La eficiencia energética se ha convertido en un argumento de venta para el partner. Ya no se trata solo de qué haces, sino de cómo haces que lo que haces funcione», afirma.
La creciente importancia de la soberanía del dato, la necesidad de mantener la información bajo control y la expansión de las cargas de trabajo asociadas a la IA exigen infraestructuras alineadas con las necesidades de cómputo. En este contexto, la gestión energética deja de ser un componente técnico para convertirse en un habilitador directo del negocio.
Los partners, por tanto, tienen ante sí una gran oportunidad. «Pueden ofrecer soluciones que permitan que la infraestructura de sus clientes funcione de forma eficiente y sostenible. Esa es la llave para que el negocio siga creciendo».
Una nueva oportunidad para el canal
El reciente apagón eléctrico vivido en España también ha servido para poner de relieve la importancia de la continuidad energética. Muchas organizaciones descubrieron que sus sistemas de respaldo no estaban preparados para responder adecuadamente ante una situación real de emergencia. “Se dieron cuenta de que tenían sistemas de alimentación ininterrumpida instalados, pero que por falta de mantenimiento no disponían de baterías operativas cuando realmente las necesitaron», explica Pastor.
Esta situación ha reactivado el interés por soluciones avanzadas de continuidad de negocio y ha abierto nuevas oportunidades para el canal. “Ya no solo hay que disponer de una continuidad de energía sino que se está empezando a analizar cómo dotar de un sistema que no solamente cubra los aspectos más básicos”, asegura. “Cada vez más organizaciones solicitan sistemas capaces de mantener operativos durante más de 72 horas elementos críticos de comunicación y gestión, una demanda creciente en sectores como seguros, transporte o consultoría”.
El desafío energético de España
El crecimiento acelerado de la demanda digital ha colocado al consumo eléctrico en el centro del debate. En España, el consumo energético de los centros de datos representa menos del 2 % del total nacional: de los 150.000 MW instalados a 31 de diciembre de 2025 (lo que supuso un incremento del 7,3 % respecto al año anterior), solo 440 pertenecen a los centros de datos (el año acabará en torno a los 600 o 700). A nivel mundial, los centros de datos representan menos del 10 % del crecimiento de la demanda total de electricidad.
Sin embargo, la creciente construcción de centros de datos en España plantea importantes retos a nivel nacional. Pastor advierte que una gran parte de los proyectos hiperescalares previstos podrían verse limitados por la capacidad de generación y distribución eléctrica disponible. «El gran reto será garantizar que exista suficiente energía para alimentar todo el crecimiento previsto», sostiene. Un desafío que obligará al Gobierno a tomar algunas medidas, a través del Esquema nacional de la energía, que permitan, “no solo generar energía, sino cómo se repercute la que no se utiliza”.






